Escrito por: Juan Bernadro Guarderas
En el entorno profesional en el que nos desarrollamos los abogados, las expectativas son altas y las presiones constantes. En ese entorno, el concepto de la “fuerza de uno” o mi “fuerza interior” puede parecer distante o abstracto. Sin embargo, el libro La Fuerza de Uno de Bryce Courtenay nos enseña una lección fundamental: cada individuo tiene el poder de influir en su entorno, incluso en las circunstancias más difíciles y desafiantes. Si aplicamos este concepto a la vida diaria, aunque nos parezca que somos pequeños frente a las grandes estructuras corporativas en las que nos desarrollamos, nuestras acciones, decisiones y estrategias cotidianas tienen el potencial de generar un impacto considerable.
En La Fuerza de Uno, Peekay, el protagonista, enfrenta el rechazo y la persecución en un contexto de gran adversidad, pero lo que lo define no es su sufrimiento, sino su capacidad para mantener su identidad y luchar por lo que cree. En el mundo de los abogados, a menudo nos enfrentamos a un desafío similar: la necesidad de mantenerse fieles a nuestros valores y principios, mientras navegamos en un entorno donde la competitividad y la presión son la norma. Para un abogado, el camino hacia la cima no solo pasa por demostrar su habilidad técnica, sino por defender su individualidad y sus principios. A menudo, ser un abogado exitoso no se trata solo de ganar casos, sino de saber cuándo dar un paso atrás y preguntarse: ¿Qué quiero lograr con mi carrera? ¿Cómo quiero lograrlo? Estas preguntas no solo definen el éxito profesional, sino también el impacto personal que un abogado puede tener, tanto en su entorno laboral como en su vida personal.
La resiliencia es el tema central en La Fuerza de Uno. Peekay se enfrenta a un sistema que parece estar diseñado para derrotarlo, pero lo que lo distingue es su capacidad para adaptarse sin perder de vista su objetivo final, y nos enseña: “Primero con la cabeza, y luego con el corazón”. Esta lección es crucial y la debemos aplicar todos los días, no solo en el ámbito legal sino en el campo profesional. Los desafíos son inevitables: cambios en las leyes, expectativas de clientes, plazos ajustados y la presión por resultados rápidos. Al igual que Peekay, un abogado exitoso no solo depende de su razonamiento estratégico y soluciones inteligentes (la cabeza), sino que también debe aprender a enfrentar y manejar las emociones que surgen de esas presiones (el corazón). Así, no se limita a
sobrevivir en el caos, sino que aprende a utilizarlo a su favor, empleando tanto su mente como su corazón para superar las adversidades y seguir avanzando hacia su meta.
En La Fuerza de Uno, las pequeñas victorias de Peekay, aunque aparentemente insignificantes, suman y tienen un impacto trascendental en su vida. Este concepto se traduce perfectamente al día a día de un abogado. A menudo, el verdadero poder no reside en hacer grandes gestos, sino en las pequeñas acciones cotidianas que marcan la diferencia.
Un abogado puede sentir que su capacidad de influencia es limitada por la estructura jerárquica de la firma u organización en que se desempeña, pero en realidad, cada interacción, cada decisión y cada acción tomada con integridad y determinación tiene el poder de cambiar no solo su entorno inmediato, sino también la cultura corporativa. Desde ofrecer un consejo ético a un colega hasta defender con convicción un caso importante, cada una de estas acciones refleja el poder de uno.
En lugar de ceder ante las presiones externas, mi invitación a todo abogado es que elija convertirse en un agente de cambio, tanto en su entorno profesional como en su vida personal. El poder de uno no se mide solo en el tamaño de los logros, sino en la fuerza de las decisiones cotidianas que tomamos para mantenernos fieles a nosotros mismos y a nuestros principios, incluso en el caos de la vida corporativa.
Al final, la pregunta no es solo cómo sobrevivir a la profesión, sino cómo prosperar y hacer la diferencia, un día a la vez.